MIS ZAPATILLAS

Que cosa más maravillosa son la zapatillas, ese llegar a casa cansada y depositar tus piececillos en una acogedoras zapatillas.

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Las hay de todas clases, desde la de lana a cuadros, macizas, resistentes, con olor a pueblo y chimenea a las sofisticadas con tacón y plumas en el empeine.

A mi me gustan con un poco de alza por detrás me son más cómodas, normalmente rosas, con punta redonda y lisas.

Las dejo debajo de un radiador cuando me voy a la calle y cuando vuelvo y meto mis pinrrelitos en tamañas cosas tan acogedora y calentita todo mi cuerpo se estremece.

Mis zapatillas me han acompañado toda la vida, no las mismas claro pero, primero de pequeña fueron de piel y también de pana. Las recuerdo de color rojo con un borde alrededor, forradas de corderito blanco. Hacían juego con la bata, y ponérselas era una señal, era la señal que el día había terminado, el colegio, los deberes quedaban atrás.

Luego pase a las de piel con un poquito de alza, aunque también me compré las de plumas, no pude resistirlo. Con las de plumas te sientes ligera, etérea, cuando cruzas las piernas las miras con admiración mientras observas como las plumas se mueven y tiemblan.

El momento sagrado de ponértelas cuando llegas a casa sean cual sean es un momento donde las tensiones desaparecen de golpe, donde te encuentras en casa de verdad, donde la fatiga del día descansa.

Me gustan mis zapatillas.

 

 

CARMENCITA, muy interesante tu artículo sobre las zapatillas, no había encontrado un comentario, ya sea en diarios o revistas sobre las zapatillas que ha sido desde fines del siglo XX el calzado que traspasa las culturas, las edades, los estratos sociales, etc. me gustó. Te felicito, saludos

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